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El sueño de una ficha
Diario de Poesía, septiembre de 2005

Arno Schmidt vivió dedicado de manera casi monomaníaca a la lectura voraz e ilimitada y a la escritura. En más de un sentido la última es un fiel reflejo de la primera: sus lecturas e impresiones Schmidt las prensaba y las dejaba fermentar en ficheros de madera (sus famosas Zettelkästen) construidos por él mismo. Su escritura es reconocible a primera vista justamente por el carácter fragmentario con que el texto está dispuesto en la página, respetando el formato de cada pequeña ficha. A partir de las nouvelles (su género predilecto) que componen Leviathan (Leviatán), publicado en 1949, su nombre apareció (tal vez un poco a la ligera) emparentado con el de James Joyce, a quien por esos avatares del destino Schmidt todavía no había leído (Schmidt confesó indirectamente su mortificación por semejante laguna en su formación autodidacta); luego no sólo lo leería sino que incluso emprendería la confección de una serie de conferencias radiales que se reunirían años después bajo el título Der Triton mit dem Sonnenschirm (El tritón con sombrilla). En realidad Schmidt descubrió la importancia de Joyce cuando le encomendaron la traducción de My brother's keeper, de Stanislaus Joyce.

Los lazos que lo unen a Joyce son múltiples y de variada especie (se ha escrito mucho al respecto). Schmidt (en los pasillos se lo llama "el Joyce alemán"), consciente de esa afinidad común por los neologismos y las citas ocultas a las que el irlandés es tan proclive, se propuso casi al final de su vida dar cuenta de una obra que pudiera, en cierta medida, no ya competir sino proyectar su propia sombra sobre el Finnegans). Concibió entonces el Zettels Traum (El sueño de la ficha), un anti-libro compuesto por hojas mecanografiadas publicadas por procedimientos fotomecánicos y no adulterados para la edición. El libro provocó revuelo cuando apareció en 1970, nueve años antes de la muerte de su autor. De hecho provocó el nacimiento de una publicación trimestral, esotéricamente limitada y fortuita, que existe aún, el Bargfelder Bote (El mensajero de Bargfelder), concebida como un medio de intercambio entre los lectores para descifrar las alusiones y citas ocultas presentes en el Zettels Traum y que luego se extendería a un intento de dilucidación general de su obra. (Casualmente, hay otra sola publicación de las mismas características, el Wake Newslitter, destinada a los exegetas de Joyce).

El título de la obra encierra un doble sentido intraducible en español. "Zettel", efectivamente, significa "ficha", pero también es el nombre alemán, en la clásica traducción de Schlegel, del personaje Bottom the Weaver del Sueño de una noche de verano. La alusión a esta obra de Shakespeare (y en particular al Bottoms Dream, en alemán "Zettels Traum") es muy importante. Por lo tanto el título significa tanto "El sueño de la ficha" como "El sueño de Bottom".

En sus obras radiofónicas joyceanas Schmidt minimiza el aspecto universal del Finnegans Wake, siendo para él una invectiva en gran medida en clave privada. También alaba lo que llama la "escritura sin trabas", es decir los ingeniosos juegos verbales, incluso aquellos que no resultan ser más que sublimes sinsentidos. Pero Schmidt también sugiere que Joyce intentaba restaurar la "vieja ecuación lingüística indoeuropea" creando una lengua universal y original que sirviera a los europeos de vehículo de comprensión (naturalmente no lo consiguió). La influencia joyceana se refleja también en el empleo sistemático del realismo de la lengua local en vez del formalismo del alto alemán literario, elección que implica la escritura fonética, es decir la recurrencia a la puntuación y a otros recursos tipográficos, un poco confusos para los iniciados, pero que en cualquier caso permiten "hacer visible" algo. Schmidt siente especial predilección por el desafío que significa "traducir" a la lengua escrita el habla dialectal, por eso sus novelas funcionan a su modo como un muestrario del complejo universo idiomático alemán. Corchetes, paréntesis, guiones, dos puntos y punto y coma (las comas suspensivas no son un invento de Guillermo Cabrera Infante) sirven para comunicar lo que de otra forma se perdería irremisiblemente, lo indecible, lo no verbal, los gestos, las incertidumbres, las dudas de la percepción y el pensamiento. Schmidt desbarata la gramática alemana, al mismo tiempo que se propone desarrollar y perfeccionar formas externas que por medio de disposiciones específicas se ajustan o corresponden más adecuadamente a determinados procesos mentales. (Günter Grass expresó así su reconocimiento a Arno Schmidt: "Cuando nosotros —aun los que no lo han leído— abrimos la boca, estamos respetando su puntuación: Arno Schmidt es contagioso.) La palabra escrita no basta. Los elementos morfológicos verbales requieren de una estructura y una disposición tipográficas, pero además hacen falta otros símbolos y cierta disposición en la página para ayudar al lector a interpretar la topografía de la mente, que como cualquier topografía es extremadamente compleja y está irremisiblemente erosionada. Valgan algunos ejemplos. En Die Gelehrtenrepublik (La república de los sabios, de 1957) el narrador, luego de toparse con una muchacha en medio del desierto y de haberla mirado dando unos mordiscos a un manojo de hierbas, cuando la ve ponerse de pie descubre que se trata de una centaura. Entonces escribe: "... :—¡:", un recurso que hoy día recuerda mucho la combinación de caracteres utilizadas por los hackers que, introducidos en una línea de comandos de un sistema operativo producen una reacción en cadena que satura la memoria de la computadora. Schmidt, por ejemplo, remplaza los avatares del pensar dubitativo con esta sucesión de signos: "...:?...". Y así las raras sensaciones que experimenta el narrador al recibir un último beso centauro que sabe delicadamente a hierbas silvestres: ":!:!!:!!!". El escritor como topógrafo.

La razón de ser del Zettels Traum se encuentra esencialmente en la preocupación de Schmidt como co-traductor de la obra de Edgar Allan Poe.

Zettels Traum es, en sustancia, un extensísimo ensayo (un monstruo por su forma y extensión, un coloso) sobre Edgar Allan Poe. Schmidt estimaba que el lector debía dedicar al libro alrededor de 700 horas, cálculo razonable proviniendo de alguien que invirtió seis años, entre 1963 y 1969, escribiendo hasta 16 horas por día. Schmidt redactó entonces 130.000 fichas que se convirtieron en 1.130 Zettel mecanografiadas, de un formato de 33 x 44 cm. Muchos lo califican como el libro del siglo. Otros lo consideran una réplica tamaño natural de la Torre Eiffel hecha con fósforos por un penado maniático. Un Niágara imbebible y majestuoso. Pero no es ninguna de las dos cosas. O tal vez es algo más que eso.

Comparadas con el Zettels Traum todas las historias de Arno Schmidt, incluyendo las más experimentales, son meras exposiciones de hechos, narraciones en el sentido más tradicional de la palabra. Su estructura obedece a lo que Schmidt llamó la forma ideal de la biografía: una discusión entre varios amigos, transcripta en el estilo de sus ensayos radiofónicos. Una dramaturgia extrema, es decir, una dramaturgia que deslinda cualquier tipo de participación en el esquema general que ha sido y sigue siendo el motor a explosión de gran parte del teatro contemporáneo: hacer que entablen diálogo un sabio y un estúpido. La línea temática del Zettels Traum, considerando que hubiera alguna, es más o menos esta: un matrimonio a punto de emprender la traducción de las obras de Edgar Allan Poe visita al anciano y solitario polígrafo, además de gran conocedor de la vida y obra de Poe, Dän Pagenstecher —en todas las obras de Schmidt aparece su alter ego, y en ésta es Dän— para pedirle consejo. Durante 24 horas (más ecos joyceanos) se asiste a paseos, conversaciones, sospechas amorosas entre Dän y la hija del matrimonio, de dieciséis años, la visita a una feria campestre, una excursión en el terreno del mito y todo el tiempo discusiones, citas y comentarios sobre Poe. Schmidt emplea hasta tres columnas o párrafos de texto, uno al lado del otro, casi siempre entrelazados. En el centro de la página se encuentra la acción externa e interna, la anécdota junto con el diálogo y el monólogo interior de Dän. A la izquierda encontramos la discusión sobre Poe, llena de citas, y el margen derecho alberga los comentarios adicionales, las notas al pie y las acotaciones del propio autor.

La página 914 contiene un pasaje que explica con bastante claridad la estructura de la obra:

«Una obra de arte — ¡digamos, "un libro"! — tendría que ser básicamente un "cuarteto";... "duodoble" sería todavía más exacto; en cada página dos parejas: ¿el arrullo del Id gorgoteando lujuria & el venenoso arrogante Superego? —: frente a un Ego débil pero artístico forzado a observar el mundo (& reaccionando con él); de los cincuenta en adelante aliviado = aliado con una 4ª Categoría soberanamente mordaz burlona»

Este pasaje es particularmente importante para comprender el principio estructural que subyace a Zettels Traum, un claro ejemplo de lo que se ha dado en llamar "escritura espacial", una obra en la que los recursos tipográficos sirven para dar expresión simultánea a las cuatro voces participantes. El mismo Schmidt, en una entrevista, recalcó esto, refiriéndose a la interdependencia de las columnas de texto, llamando al todo un "cilindro de lectura" que exige del lector una percepción coordinada, más que consecutiva, de todos los componentes presentes en el mismo instante.

A la vez el pasaje de la página 914 funciona como una apología de las típicas polémicas de Schmidt contra el sistema establecido, es decir contra el Estado y la Iglesia (como fuerzas del superego) y la censura, especialmente en relación a los pasajes "pornográficos" (Seelandschaft mit Pocahontas, Paisaje lacustre con Pocahontas, de 1959, fue censurada bajo esa acusación). En este sentido se puede considerar Zettels Traum como una summa de la vida y la obra de Arno Schmidt.

Una última cosa. El carácter intraducible no es exclusivo de Zettels Traum. Todo Arno Schmidt goza de ese privilegio (¿privilegio?). Su traductor francés, Claude Riehl, hace poco presentó victorioso el fruto de años de trabajo. De las 1.130 páginas de Zettels Traum consiguió traducir sólo cuatro. Más que meritorio de su parte.